Movimientos Insólitos

A los mercados españoles, el caso Maduro les ha dado exactamente igual. El Ibex 35 ha subido hasta los 17 600 puntos, confirmando algo incómodo para muchos analistas: la geopolítica solo importa cuando afecta directamente a beneficios, tipos o flujos de capital. Venezuela no cumple ninguno de esos criterios para el mercado español hoy. Resultado: subida limpia, sin drama.

El precio del petróleo sí ha reaccionado al ataque de Estados Unidos a Venezuela, aunque de forma contenida. Hay tensión, pero no pánico. Los inversores descuentan que el impacto en oferta global será limitado y que la OPEP+ tiene margen para amortiguar movimientos bruscos. En otras palabras: ruido geopolítico, pero sin shock estructural.

Quien sí ha capitalizado el contexto es Indra, que ha cerrado en máximos históricos tras dispararse cerca de un 10 %. Defensa, tecnología y tensión internacional: combinación clásica. El mercado no especula, anticipa contratos, presupuestos y gasto militar sostenido. Indra se está posicionando como uno de los grandes beneficiados europeos de un mundo menos estable.

SpainUP

Grenergy arranca el año como estrella del sector renovable, confirmando que el capital sigue fluyendo hacia compañías con exposición clara a transición energética, crecimiento internacional y modelos escalables. No es solo narrativa verde: es expectativa de ingresos recurrentes y financiación favorable.

BBVA estaría en conversaciones con ING para vender su negocio en Rumanía, un movimiento que encaja con una estrategia más amplia de simplificación y foco. Menos dispersión geográfica, más concentración en mercados donde el banco puede ser dominante. No es retirada, es optimización de capital.

Y el dato incómodo: la factura eléctrica para un electrointensivo en España es un 167 % más alta que en Francia, según Aege. Esto no es una anécdota, es un problema estructural. Con estos diferenciales, la industria no compite, se deslocaliza. Mientras otros países ajustan fiscalidad y costes energéticos, España sigue penalizando a quien produce. El resultado es previsible: menos industria, más dependencia.

Geopolítica

Nicolás Maduro se declaró inocente ante el tribunal federal de Nueva York y, lejos de bajar el tono, lanzó un mensaje político claro: “Todavía soy el presidente de Venezuela”. No es una frase legal, es una señal. Maduro intenta mantener la narrativa de legitimidad interna mientras el proceso judicial avanza fuera de su control. La estrategia es evidente: presentarse como jefe de Estado perseguido, no como acusado común. Esto no va de convencer a un juez estadounidense —eso ya está perdido—, va de conservar cohesión dentro de las élites que aún le son leales y alimentar el relato de agresión externa.

En Francia, los 10 acusados por ciberacoso contra Brigitte Macron han sido condenados a penas de hasta ocho meses de prisión. El caso marca un precedente relevante en Europa: el acoso digital deja de ser “ruido de redes” para convertirse en delito penal con consecuencias reales. El mensaje es nítido: la frontera entre libertad de expresión y hostigamiento organizado se está endureciendo, y los tribunales empiezan a actuar con rapidez cuando el objetivo es institucional.

China entra en escena por Venezuela. Xi Jinping ha criticado abiertamente a Estados Unidos, denunciando las “prácticas de intimidación hegemónica” y advirtiendo de su impacto sobre el orden internacional. Pekín no defiende a Maduro por afinidad ideológica, sino por interés estratégico: si EE. UU. puede actuar sin costes en Venezuela, mañana puede hacerlo en cualquier otro punto del tablero. China aprovecha la crisis para reforzar su discurso de bloque alternativo y erosionar la legitimidad moral de Washington ante el Sur Global.

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