
Nos remontamos al 10 de marzo del 2000 El $NDX ( ▼ 1.59% ) y otros índices tecnológicos alcanzaron su punto más alto, multiplicándose por cinco en apenas cinco años. Los inversores aplaudían hojas de Excel como si fueran obras de arte, y los cafés se enfriaban mientras los brokers sudaban.
Al día siguiente, la burbuja puntocom explotó y quienes habían confiado su dinero en startups sin ingresos reales se dieron de bruces con la realidad. Lloros, correos urgentes, egos desinflados: la codicia no entiende de prudencia y la estupidez humana no tiene límites.
Para entender el origen, hay que viajar a 1995. Año del Windows 95, la primera PlayStation y la expansión de la World Wide Web.
Lo que antes era un hobby friki se convirtió en un terreno minado para inversores incapaces de diferenciar humo de producto real. Nacieron las empresas “.com”: algunas tenían valor, otras eran pura apariencia.
Invertían en demos bonitas, promesas vacías y hojas de cálculo glorificadas. Empresas sin clientes ni ingresos se valoraban en miles de millones solo por decir “futuro digital”. Y los inversores, con sus trajes y corbatas, aplaudían como idiotas.
Cuando la burbuja estalló, muchos arruinaron su reputación y cartera. Algunos aprendieron, otros no, y la lección quedó clara:
si algo suena demasiado bonito, probablemente lo sea pero no por mucho.
Avancemos a 2025.
La historia se repite: IA, GPUs y data centers reemplazan a las puntocom.
Y aquí llega Michael Burry, sí, el mismo que anticipó la crisis de 2008, colocándose puts por más de 1.100 millones de dólares contra $NVDA ( ▼ 3.01% ) y $PLTR ( ▲ 2.94% ) .
La semana pasada, Burry reveló apuestas aparentemente nuevas en contra de los favoritos de la IA, Nvidia y Palantir Technologies. Según un documento regulatorio, reveló opciones de venta (put options) con un valor nocional de aproximadamente 187 millones de dólares contra Nvidia y 912 millones de dólares contra Palantir al 30 de septiembre. El documento no especificó los precios de ejercicio ni las fechas de vencimiento de los contratos.
La revelación provocó una reacción fuerte por parte del CEO de Palantir, Alex Karp, quien calificó las apuestas de Burry como “súper raras” y “locuras totales”. No está claro si aún mantiene esas posiciones o si solo se trataba de una cobertura. — Según CNBC
Pero los CEOs inflan beneficios con contabilidad creativa, los inversores novatos se lanzan al hype como borregos, y los medios celebran cifras que no reflejan ingresos reales. Cada startup que promete revolucionar industrias enteras es un espejismo; los fundadores se llenan los bolsillos y los fondos hacen postureo mientras todos fingen saber algo que nadie entiende.
Las conferencias de IA parecen festivales de rock: CEO’s hablando de “transformación global” mientras sus empresas aún no facturan un euro sólido.
Los inversores con sentido común observan y piensan:
"En serio, otra vez esto?"
La moraleja sigue siendo la misma que hace 25 años:
Hype desmedido + promesas infladas = desastre casi garantizado.
Algunos se harán ricos, otros perderán todo y todos veremos un remix de titulares de “yo lo veía venir”. Lo único que ha cambiado es la etiqueta: antes era “puntocom”, ahora es “IA y big data”. Pero el patrón se repite y, por si no lo pillas, la estupidez humana sigue intacta.
Y sí, Michael Burry ya está poniendo los huevos en otra cesta mientras el resto aplaude humo.
Pero ahora me dirás:
"Pero, el internet sobrevivió"
No estamos diciendo que la IA va a morir, sino que los inversores son gilipollas.
Tenemos nueva información, según CNBC Michael Burry ha declarado que el 25 de noviembre explicará el porqué de su posición en X (anteriormente Twitter)




